Provocación para pensar la praxis en Agroecología…
SESIÓN 1. Deshaciendo la práctica individual
SESIÓN 2. Interdisciplina
SESIÓN 3. Antes de empezar...
SESIÓN 4. Agroecosistema
SESIÓN 5. Investigación-acción participativa
SESIÓN 6. Campesino a campesino…
SESIÓN 7. Sistematización
SESIÓN 8. Brasil y la agroecología (13 de abril)
SESIÓN 9. (20 de abril)
SESIÓN 10. Huertos urbanos con Helda Morales(27 de abril). Experiencia en Argentina
SESIÓN 11. Cooperativa Tosepan (4 de mayo)
SESIÓN 12. (11 de mayo)
SESIÓN 13. La Vía Campesina con Peter Rosset (18 de mayo)
SESIÓN 14. (25 de mayo)
Fragmentos de Filosofía de la Praxis, Adolfo Sánchez Vázquez, PDF
«En la sociedad actual la expansión ilimitada y desordenada de las fuerzas productivas, congruente con el mecanismo explotador del capitalismo, ha convertido la transformación de la naturaleza en una verdadera destrucción de ella (amenaza al equilibrio climatológico, contaminación química de mares y ríos, contaminación térmica, acumulación de productos químicos nocivos sobre vegetales, animales y el hombre, etc). La defensa de los recursos naturales y del medio ambiente por los ecologistas se halla, pues, justificada hoy día. Pero no se trata de la naturaleza en sí sino de la relación que, mediante la praxis material productiva, mantiene el hombre con ella.
Asistimos hoy ciertamente a la afirmación creciente de una relación de signo negativo entre el hombre y la naturaleza, y no sólo porque la producción capitalista conlleva la explotación y la enajenación para la mayoría de la población sino porque, en las condiciones sociales y tecnológicas actuales, al destruirse la naturaleza se están destruyendo las condiciones naturales necesarias para la supervivencia del hombre. Tal es el tremendo alcance de la crisis ecológica actual. Pero el acta de acusación de los ecologistas no puede levantarse contra el desarrollo de las fuerzas productivas que es y seguirá siendo necesario para el hombre sino contra su crecimiento ilimitado, incontrolado y destructor de la naturaleza. Lo que está en juego es el mecanismo económico y social que exige ese crecimiento.
Hombre y naturaleza constituyen hoy más que nunca dos términos de una relación indisoluble; no se puede salvar el uno sin salvar el otro. El dominio del hombre sobre la naturaleza (el desarrollo de las fuerzas productivas) tiene que ejercerse contando con las barreras naturales sin tratar de saltarlas. Las consecuencias ecológicas de la praxis material productiva que hoy se dan, sobre todo, en los países capitalistas industrializados, y a las que no escapan por supuesto los países subdesarrollados o en vías de desarrollo, están vinculadas a las exigencias de una producción orientada a la obtención de plusvalía. Ahora bien, para resolver los problemas ecológicos no basta abolir las relaciones sociales de producción en las que rige esa orientación, pues el “fetichismo productivista” puede reaparecer —como lo demuestra la experiencia histórica en los países del Este— bajo imperativos burocrático-estatales. Sólo el control consciente y social de la producción por los propios productores libremente asociados (la verdadera autogestión social) y, por tanto, su subordinación al desenvolvimiento pleno y libre de los individuos, o sea, la producción para el hombre, puede garantizar que la transformación de la naturaleza mediante el desarrollo necesario de las fuerzas productivas no degenere en su destrucción y ponga fin así a la amenaza de un desastre ecológico.»
